El riesgo de la vigorexia

La vigorexia es un trastorno que provoca una distorsión en la manera que tienen las personas de percibir sus propias características físicas. Afecta sobretodo a hombres y consiste en una preocupación patológica por parecer demasiado débiles y poco musculosos. Es, por tanto el trastorno opuesto a la anorexia, cuya incidencia es muy elevada sobretodo en las sociedades occidentales. Aunque no está reconocida como enfermedad, la vigorexia está relacionada con el trastorno obsesivo compulsivo y recibe otros nombres como dismorfia muscular y anorexia inversa. Las personas afectadas constantemente se obsesionan con sus imperfecciones, y distorsionan su percepción de sí mismas. La vigorexia también genera un complejo de inferioridad que se extiende a numerosos ámbitos de la vida, que van desde las relaciones personales a la salud física y emocional. Como la mayoría de los trastornos, no hay una sola causa que determina si alguien tiene o no vigorexia, sino más bien una combinación de factores bioquímicos y sociales. Por ejemplo, intimidación y burlas durante el período escolar, la falta de armonía de la familia, el perfeccionismo, la tensión severa y el enfoque estético.

vigorexia

El modelo de sociedad occidental también puede influir negativamente cómo una persona se ve a sí misma. Los mensajes que bombardean la cantidad de revistas, anuncios y programas de televisión de hoy en día pueden hacer cambiar la percepción de uno mismo. También es posible que un entrenamiento obsesivo con pesas pueda conducir a la dismorfia muscular. La adrenalina liberada después de tener una dura sesión de ejercicios o la admiración que se obtiene de los demás después de hacer ejercicio pueden actuar de posibles detonantes. A parte de esto, la vigorexia también puede ser causada por ciertas alteraciones bioquímicas en los neurotransmisores a nivel cerebral relacionados con este tipo de patologías, sobretodo con la serotonina.

Como suele pasar con ese tipo de trastornos, los síntomas son difíciles de detectar y suelen manifestarse a través del comportamiento. Una dieta obsesiva, un entrenamiento doloroso y extremo en el gimnasio u otras conductas nocivas pueden encender las alarmas. Al igual que los pacientes de anorexia, los vigoréxicos ven sus cuerpos imperfectos, y por lo tanto no quieren exponerse al juicio de los demás. Algunos hasta pueden consumir drogas para estimular el desarrollo muscular, y pueden acabar desarrollando también desórdenes alimenticios como la bulimia en un intento de controlar su dieta. Muchos de ellos también se saltan las comidas con familiares y amigos, porque quieren tener un control total sobre lo que comen. Si no se detecta a tiempo, la vigorexia puede acarrear múltiples problemas. Lesiones físicas a causa de un exceso de ejercicio, aislamiento y deterioro de las relaciones personales y laborales, estrés o depresión son algunas de ellas.

La ingesta excesiva de esteroides y otras sustancias relacionadas con la obtención rápida de masa muscular también puede resultar un peligro. Pero sin duda el efecto más extremo que conlleva la vigorexia es el suicidio. Por esto la detección precoz en esta enfermedad es sumamente importante. El tratamiento para la vigorexia se basa fundamentalmente en la atención psicológica a largo plazo. Ésta se puede combinar con antidepresivos u otros psicofármacos para controlar la depresión, especialmente en las primeras etapas del tratamiento. El apoyo de amigos y miembros de la familia también es fundamental en estas circunstancias. Los gimnasios lentamente han ido tomando conciencia de la situación creando grupos de apoyo para ayudar a diagnosticar la vigorexia en las primeras etapas y para apoyar a las personas en su recuperación.